Autobiografía Valeria Báez
Desde muy pequeña me he inclinado hacia el servicio y el bienestar de las personas
que me rodean, una de las cosas que más me llena de felicidad es ayudar y
garantizar la seguridad de mis seres queridos y de la sociedad en general. Cuando
entré a los grados superiores en el colegio no tenía mucha idea de
a que me quería dedicar, siempre supe que lo mío eran las humanidades, pero no tenía
muy claro por cuál carrera decidirme. Una noche hablando con mi madre
sobre mi preocupación por no saber que carrera elegir me comentó de una familiar
lejana que es trabajadora social, en ese momento no tenía mucho conocimiento sobre
la profesión y el único contacto que había tenido eran los estudiantes que hacían sus
prácticas repartiendo folletos en el colegio, no me llamó mucho la atención y seguí
buscando opciones hasta que tuve la oportunidad de charlar directamente con esta
familiar que me introdujo de una forma un poco más específica a esta profesión.
Claramente, no me convenció por completo desde el principio, pero al menos ya tenía
una opción en mente y desde esa charla tuve en un lugar de mi mente la idea de
estudiar trabajo social. Pasaron un par de meses de ese encuentro y llegué al grado
once, donde conocí a un economista en mi curso pre-icfes, la pasión con la que
hablaba de su carrera me hizo interesarme por esta hasta el punto de querer dedicarle
mi vida a la economía. No voy a mentir sobre esto, es una profesión a la que le tengo
mucho cariño y sobre todo respeto, los seis meses que compartí los conocimientos de
los maestros de la escuela han sido por mucho de las mejores etapas de mi vida, pero,
sentía que algo en ellos no encajaba conmigo y con mi forma de ver el mundo y ahí
me empecé a preocupar, ¿y si esto no es lo mío? ¿en verdad quiero dedicar toda mi
vida y mi esfuerzo a algo que no me llena por completo? Esas dos preguntas daban
vueltas en mi cabeza todos los días. Sin estar completamente segura decidí no liquidar un segundo semestre.
Una vez retirada de la carrera me quedaba la parte más importante, ¿y ahora qué voy
a hacer? Pasé horas y horas releyendo la lista de materias de cada uno de los
pregrados que la UIS ofrece, hasta que me volví a topar con el trabajo social. No fue
una decisión fácil, lo pensé una y otra vez ya que si volvía a errar en mi elección ya
no tendría el apoyo de mis padres para volverme a cambiar, fueron noches enteras
buscando artículos, videos, noticias, algo que me diera una señal o un último
empujón para arriesgarme. Esa señal que tanto buscaba estaba más cerca de lo que
pensaba, en medio de mi confusión volví a tener la oportunidad de departir más a
fondo con mi familiar, quien había vuelto a la ciudad para realizar su especialización,
pasamos un buen rato juntas mientras ella con un brillo en sus ojos y una gran sonrisa
me comentaba sus experiencias en diferentes campos laborales y como su vida había
cambiado gracias a su profesión, todas las vidas en las que ha influido de manera
positiva y todos los cambios que ha ayudado a generar desde su trabajo. En ese
momento tome la decisión definitiva de dedicarme a esta profesión para poder hacer lo
que siempre me ha gustado, ayudar y servir a la comunidad, generar cambios
positivos y ser herramienta para la resolución de todo tipo de problemas. Creo firmemente que está es la decisión
correcta y que jamás me voy a arrepentir de entregarle mi vida y mis conocimientos a
los demás.
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