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martes, 12 de octubre de 2021

AUTOBIOGRAFÍA


Autobiografía Valeria Báez 


Foto del día que conocí las instalaciones la universidad

Desde muy pequeña me he inclinado hacia el servicio y el bienestar de las personas

que me rodean, una de las cosas que más me llena de felicidad es ayudar y

garantizar la seguridad de mis seres queridos y de la sociedad en general. Cuando

entré a los grados superiores en el colegio no tenía mucha idea de

a que me quería dedicar, siempre supe que lo mío eran las humanidades, pero no tenía

muy claro por cuál carrera decidirme. Una noche hablando con mi madre

sobre mi preocupación por no saber que carrera elegir me comentó de una familiar

lejana que es trabajadora social, en ese momento no tenía mucho conocimiento sobre

la profesión y el único contacto que había tenido eran los estudiantes que hacían sus

prácticas repartiendo folletos en el colegio, no me llamó mucho la atención y seguí

buscando opciones hasta que tuve la oportunidad de charlar directamente con esta

familiar que me introdujo de una forma un poco más específica a esta profesión.

Claramente, no me convenció por completo desde el principio, pero al menos ya tenía

una opción en mente y desde esa charla tuve en un lugar de mi mente la idea de

estudiar trabajo social. Pasaron un par de meses de ese encuentro y llegué al grado

once, donde conocí a un economista en mi curso pre-icfes, la pasión con la que

hablaba de su carrera me hizo interesarme por esta hasta el punto de querer dedicarle

mi vida a la economía. No voy a mentir sobre esto, es una profesión a la que le tengo

mucho cariño y sobre todo respeto, los seis meses que compartí los conocimientos de

los maestros de la escuela han sido por mucho de las mejores etapas de mi vida, pero,

sentía que algo en ellos no encajaba conmigo y con mi forma de ver el mundo y ahí

me empecé a preocupar, ¿y si esto no es lo mío? ¿en verdad quiero dedicar toda mi

vida y mi esfuerzo a algo que no me llena por completo? Esas dos preguntas daban

vueltas en mi cabeza todos los días. Sin estar completamente segura decidí no liquidar un segundo semestre.

Una vez retirada de la carrera me quedaba la parte más importante, ¿y ahora qué voy

a hacer? Pasé horas y horas releyendo la lista de materias de cada uno de los

pregrados que la UIS ofrece, hasta que me volví a topar con el trabajo social. No fue

una decisión fácil, lo pensé una y otra vez ya que si volvía a errar en mi elección ya

no tendría el apoyo de mis padres para volverme a cambiar, fueron noches enteras

buscando artículos, videos, noticias, algo que me diera una señal o un último

empujón para arriesgarme. Esa señal que tanto buscaba estaba más cerca de lo que 

pensaba, en medio de mi confusión volví a tener la oportunidad de departir más a

fondo con mi familiar, quien había vuelto a la ciudad para realizar su especialización,

pasamos un buen rato juntas mientras ella con un brillo en sus ojos y una gran sonrisa

me comentaba sus experiencias en diferentes campos laborales y como su vida había

cambiado gracias a su profesión, todas las vidas en las que ha influido de manera

positiva y todos los cambios que ha ayudado a generar desde su trabajo. En ese

momento tome la decisión definitiva de dedicarme a esta profesión para poder hacer lo

que siempre me ha gustado, ayudar y servir a la comunidad, generar cambios

positivos y ser herramienta para la resolución de todo tipo de problemas. Creo firmemente que está es la decisión

correcta y que jamás me voy a arrepentir de entregarle mi vida y mis conocimientos a

los demás.

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